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El cangrejo de la anémona

El otro día, buceando en aguas de Murcia me fijé en que entre los tentáculos de la anémona se encontraba un pequeño cangrejo, casi irreconocible.

En busca del esquivo cangrejo de la anémona

Lo bien cierto es que casi siempre que nos detenemos a observar  cuidadosamente la anémona común Anemonia  sulcata, podemos encontrar a este discretísimo huésped. Pero para verlo y como ocurre muchas veces bajo el agua si queremos descubrir pequeños seres, hay que fijarse mucho y buscar la forma que coincide con lo que queremos encontrar, es decir, que en ocasiones el camuflaje que utilizan algunos animales es tan eficaz que podemos tenerlo delante y no reparar en él si no es que se delata moviéndose o bien suceda que lo estemos buscando activamente y esforzándonos en reconocerlo.

La preciosa anémona llama la atención
La preciosa anémona llama la atención

Simbiosis entre la anémona y el cangrejo

Y así me sucedió, estaba buceando en Águilas y quería obtener alguna foto del cangrejo que vive en asociación con la anémona  en una relación que se conoce como  comensalismo, en la que sólo una de las partes obtiene ventajas sin que la otra parte sufra ninguna consecuencia negativa. Por supuesto, no se trata del cangrejo ermitaño, que transporta una anémona en su concha.

Cuando este tipo de asociación consiste en el establecimiento permanente de un animal sobre la superficie de otro se denomina sinforismo y este es el caso concreto entre la anémona y nuestro pequeño cangrejo, de nombre técnico Inachus phalangium.

Una relación que beneficia al cangrejo

El cangrejo se mueve a sus anchas entre los tentáculos urticantes de la anémona y sale de su casa para ir a buscar comida, para emparejarse y tal vez para buscar otra anémona que ocupar. Pero en cualquier caso procura no alejarse mucho de su impasible anfitrión no sea que venga algún depredador y no pueda refugiarse a tiempo entre los acogedores y disuasorios tentáculos del casero.

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A punto de salir de casa

Con un poco de paciencia reconocí enseguida el cuerpo pardo y peludo, casi andrajoso que diríamos, del cangrejo. Y no es que sea un ser especialmente sucio, nada de eso, es que tiene el cuerpo recubierto como de un pelillo que le hace confundirse muy bien con el sustrato donde se asienta la anémona de modo que, incluso estando fuera de ella pero a su lado, no reparamos en su presencia. Este tipo de cangrejo lo vemos en casi todas las anémonas del mediterráneo, siendo también muy habitual en aguas de Ibiza.

La gamba, otro huésped de la anémona

Y otra presencia habitual abrazada a los tentáculos de la anémona es la de la gamba Periclimines sagittifer,  un delicado crustáceo realmente bonito de un color azulado, blanco y zonas transparentes que tiene que renovar continuamente su protección frente a las células urticantes de su hospedador del que, parece ser, picotea a modo de aperitivo la punta de los tentáculos lo que convierte su relación no en una asociación sin ánimo de lucro que diríamos mantiene el cangrejo, sino en una asociación sinónimo de lucro ya que perjudica a la anémona y a la que parasita.

Vaya, casi como la vida misma. No os parece?

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La pequeña y azulada gambita de la anémona