Buceo en la Buquerolla de Moraira

Hay puntos de buceo que conjugan a la perfección los gustos  de los buceadores y que nos ofrecen un puñado de interesantes alicientes. Son esos sitios que no requieren de un nivel avanzado ni que se desarrollan a profundidades disuasorias, por lo que cualquiera que haya acabado un curso está en condiciones de abordar.

Pero por otro lado aportan vida, paisajes y recorridos que te dejan con la boca abierta y que no son nada habituales de modo que hasta los buceadores más experimentados los disfrutan.

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Buceo en los acantilados de Moraira

Uno de esos sitios es la Buquerolla, un punto de buceo poco conocido a pocos minutos de navegación del club náutico de Moraira, desde donde salimos con la embarcación de La Galera. Poco después de girar el Cap d’Or nos detenemos a los pies de sus verticales paredes, frente a unos pequeños islotes pegados a su base.

 Aquí el fondo es arenoso y especialmente luminoso dada la transparencia habitual de las aguas. Tras descender a unos -7 m enfilamos en sentido a la punta del cabo, paralelos a la pared y van apareciendo grandes rocas que bien podrían ser fruto del desprendimiento de las paredes, sometidas al milenario envite de las olas. Algunas de estas colosales piedras se alzan verticales como agujas y ofrecen la cara más sombría completamente cubierta de un tapiz de anémona incrustante amarilla.

Una cavidad de bonitos contraluces

Pronto llegamos a un pintoresco túnel excavado en la roca a modo de gatera por el que podemos pasar sin dificultad aunque teniendo cuidado con el aleteo para no levantar el fondo y sobre todo para no dañar las delicadas gorgonias  que se yerguen verticales.

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Las paredes están ampliamente cubiertas de  anémonas incrustantes amarillas, un delicado animal colonial que filtra el agua y del que obtiene su alimentación, como sucede con la gorgonia blanca, también habitual en estas aguas.

Este será el momento de invertir el rumbo y dirigirnos hacia el norte para llegar muy cerca de la pared y encontrarnos la entrada a unas pequeñas grutas a muy poca profundidad, sobre 5 metros, que tienen apertura en el techo y por la que entra una potente luz cenital que hará las delicias de la concurrencia y desgastará el dedo de los fotosub porque no pararán de hacer fotos.

Una muy recomendable inmersión que combina paisajes y vida y que nos hizo disfrutar de una hora larga bajo el agua.

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