Uno de los encuentros que más llaman la atención a los buceadores es sin duda, el de los meros. Su porte señorial, su flema y la escasez de estos magníficos peces hacen de la presencia del mero todo un acontecimiento.

El mero mediterráneo

El mero, un pez imponente

El mero mediterráneo pertenece a la familia de los serránidos, y, aunque cada vez es más escaso, nunca deja indiferentes a los buceadores. Su aspecto transmite poder, tal vez por eso se le conoce como el señor de los fondos costeros.

De cabeza prominente, el mero dispone de una boca grande en la que destaca la mandíbula inferior saliente. El mero suele ser de color marrón con manchas más claras, aunque puede variar mucho en coloración en función del entorno o incluso de su posición en el grupo.

El mero es un hermafrodita secuencial, es decir que nace como hembra para, al cabo de unos 8 años y cuando ya mide aproximadamente 80cms, cambiar a macho donde llega a alcanzar los 50kg y 150 cms de envergadura, convirtiéndole verdaderamente en un líder entre los peces.

El mero es un pez poderoso

Un pez tranquilo siempre cerca del refugio

Solemos encontrar al mero mediterráneo en profundidades que van desde los -10 hasta los -400mts aunque a veces podamos observar ejemplares juveniles a menos de -10mts,  como en ocasiones sucede en la zona de Les Rotes de Dénia, en muchos puntos de buceo de Ibiza y Formentera y en todo el litoral de Cabo de Palos por citar sólo algunos entornos donde es bastante habitual. En cualquier caso es un pez que  prefiere las zonas costeras poco profundas de fondo rocoso donde existan cuevecitas y hendiduras en las que refugiarse.

Este carácter sedentario unido a  la curiosa indiferencia con la que suele observar a los buceadores le ha valido al mero mediterráneo una seria purga en cuanto al número de ejemplares. Y es que los pescadores submarinos encuentran en el mero uno de los trofeos más deseado.

El mero es el señor de la cuevas

Dónde lo encontraremos seguro

La calidad de su carne le convierte en presa suprema  y sus hábitos sedentarios  facilitan su caza. Sólo es cuestión de estudiar su localización para, con paciencia, acabar con él. Por eso en muchas zonas litorales se ha llegado a su casi total extinción.

Y el mero, que no debe tener un pelo de tonto, finalmente entiende que los hombres no son una compañía recomendable si quiere llegar a viejo –puede durar hasta unos 50 años- por lo que en muchas zonas se muestra muy huidizo, siendo fugaz su visión. Sólo en marcos protegidos como las Islas Columbretes o Cabo de Palos, donde está prohibida su pesca,  la memoria de estos peces no asocia al hombre con su muerte es posible contemplar de cerca y fotografiar primeros planos de estos curiosos señores de los fondos. Larga vida al mero mediterráneo.

Un mero patrullando sus dominios

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